2 jun 2014

Teatro Alcázar

2013





























Alcázar es un término español de origen árabe que designa un castillo o palacio fortificado. Pero al hablar del Alcázar de Coro, nos referimos a un antiguo cine-teatro, ubicado en el centro de la ciudad que data de 1950.

Este local tuvo su apogeo en los 70’s cuando en su marquesina brillaban los mejores títulos del cine francés, italiano y americano. Según el cronista de la ciudad Tito Guerra, el Teatro Alcázar ofrecía tres funciones: matiné, vespertina y nocturna; además, en sus instalaciones se transmitían los programas de la emisora Ondas de los Médanos, con la participación de artistas regionales. Los primeros propietarios del Alcázar fueron la familia Magdaleno, quienes lo regentaban; posteriormente pasó a manos de la familia Aref, quienes lo administraron desde los años 80’s hasta principios del 2000 cuando el auge y la moda implacable de los multicines contribuyeron a su cierre definitivo.

Ante la preocupación de ser un espacio en peligro de desaparecer, nuestro proyecto tiene por objetivo restaurar y reactivar el edificio. ¿Para qué? Primero que nada, para salvar una parte de la memoria olvidada de la ciudad, para resucitar un lugar que significó tanto para otras generaciones en una época no tan lejana y propiciar así un espacio para la cultura y el sano esparcimiento de la colectividad falconiana. 

Realizado por:
ACOSTA, Fernando
DE LEÓN, Gleudy
DÍAZ, Ricardo
YARAURE, Nery
ZAVALA, Carol

Emprendedurismo y Gestión Audiovisual
TSU Artes Audiovisuales (III Trismestre)
UNEFM


Fotografías de Fernando Acosta. 

R.

15 may 2014

Filven 2014

2014

FILVEN 2014, jueves 8 de mayo - Café Venezuela, Coro.

Un honor el haber formado parte del programa de la 10ma Feria Internacional del Libro de Venezuela 2014 - Capítulo Falcón (del 8 al 10 de mayo), donde pude compartir espacio junto a Neptalí Chirinos, Jesús Amalio Lugo y Adrineli Canelón, como parte de las "Nuevas voces de la narrativa falconiana".

A la Licda. Merlín Rodríguez y al poeta y amigo Ennio Tucci, mi agradecimiento.

Aquí la programación del evento.


R.

1 may 2014

Padre y Margarito

2014
















El día que Margarito nació, su infortunado padre, el gran caporal Patricio, lo alzó entre sus poderosas manos y exclamó: «¡he aquí mi primogénito, la sangre de mi sangre, mi asesino!». Confundidas, la partera y demás doñas que asistían el alumbramiento se vieron las caras. «Recuerden mis palabras —señaló el caporal—. Un día comprenderán». 20 años más tarde, cuando su hijo Margarito le asestó un hachazo en la espalda por un asunto de faldas todo el mundo comprendió.

R.

15 abr 2014

Sábato

2014




















"Parque Lezama de Diablos, calavera del maestro /
de Buenos Aires, meláncolica..."
                                                        LFC

R.

15 mar 2014

Guasón and friends

2014






Lo que hace la ladilla...


R.

2 mar 2014

Una historia de carnaval

2014

Dibujo: Daniel Aranda

























Aquella tarde Gleudy regresaba de la escuela muy feliz, pues había llegado el carnaval y con éste los respectivos días de asueto. No obstante, al adentrarse en la vereda que conducía a su casa, el chico se puso blanco al ver a lo lejos a tres de sus vecinitos. Sabía lo que iba a suceder.
¡Corre, Gleudy, Corre!
Sin perder el tiempo dio media vuelta y emprendió la huida. «¡Allí está! —exclamaron los niños al verlo correr—. ¡Párate!». Pero Gleudy, ni pendejo que fuera, se detuvo. Astutamente cruzó en la esquina, le dio la vuelta a la cuadra y volvió a tomar la vereda por el otro lado hasta perderlos. Por desgracia a unos metros de su casa tropezó con un peñón y rodó por el suelo. En un santiamén sus perseguidores lo alcanzaron y sin compasión procedieron a acribillarlo:
¡PLAS! ¡PLAS! ¡PLAS!
Estallaron las bombas de agua.
¡PLAS! ¡PLAS! ¡PLAS!
Una vez satisfechos, los tres niños-azotes, se alejaron por la vereda muertos de risa dejando al pobre Gleudy empapado de agua y lágrimas.
Años después, Gleudy, un hombre alegre y trabajador, aún tiembla al ver en el calendario la llegada de aquella traumática fecha: el carnaval; y por supuesto, las temibles bombas de agua de los siempre renovados niños-azotes.
—Chao, querido —le dijo su amorosa esposa en la puerta—. Que te vaya bien en la oficina.
Gleudy avanzó con cautela por la vereda, siempre pendiente, desconfiado, mirando sobre su hombro. «¡Alto ahí!» le ordenó de repente una voz infantil; pero lo último que hizo Gleudy fue detenerse. ¡Corre, Gleudy, Corre!
¡PLAS! ¡PLAS! ¡PLAS!
Estallaron las bombas de agua a pocos centímetros de él.
¡PLAS! ¡PLAS! ¡PLAS!
A lo lejos vio el autobús y enseguida le salieron alas en los pies. A punto de arrancar el transporte, Gleudy pegó un brinco y se sujetó fuertemente de la puerta. «¡Aquí te esperamos! —le gritaron los niños, al ver cómo su víctima se alejaba—. ¡No te esconderás!».
Más tarde, en la oficina, un agobiado Gleudy se pasó la jornada entera pensando en cómo evadir el inminente ataque de aquellos niños-azotes que sin duda lo estarían esperando de vuelta a casa. ¡Piensa, Gleudy, piensa! Pero las horas transcurrieron y ninguna idea le vino a la cabeza.
Entonces. a las 6:00 pm, resignado, apagó su computadora y bajó a esperar el autobús. En el trayecto hasta la parada el hombre se detuvo frente una juguetería que estaba abierta y decidió entrar. A Gleudy siempre le habían fascinado las jugueterías; los robots, los soldaditos, los carritos, las naves espaciales, las pistolas… ¡Las pistolas!
Al volver a su barrio, tal como Gleudy supuso, los tres niños-azotes, aquellos que a sus ojos parecían los mismos niños de hace 20 años, lo estaban esperando en la vereda que conducía a su casa. Sí, ahí estaban, con sus sonrisas malévolas y sus temibles bombas de agua, listas para el ataque.
—¡Un momento! —les exclamó Gleudy.
El hombre puso el maletín en el suelo y lentamente lo abrió. Inmediatamente, para sorpresa de los niños, extrajo del interior una pequeña pistola de plástico y les apuntó. Éstos enseguida comenzaron a reír al ver cómo aquel hombre se atrevía a amenazarlos con su ridícula pistolita. «¡Pagarás!». Y alzando sus bombas dieron inicio al ataque:
¡PLAS! ¡PLAS! ¡PLAS!
¡FRIIIIIISH!
¡PLAS! ¡PLAS! ¡PLAS!
¡FRIIIIIISH!
¡PLAS! ¡PLAS! ¡PLAS!
¡FRIIIIIISH!
Para asombro de los curiosos que aquella tarde presenciaron la épica “batalla de la vereda”, los tres niños-azotes terminaron empapados de pies a cabeza, mientras que a su ¿víctima? ese hombre de traje y maletín, no le había caído ni una gota. «¿Cómo pudo esquivar las bombas? se preguntaban los niños ¿Cómo pudo moverse tan rápido? Y sobre todo: ¿cómo pudo tener más puntería?». Humillados y ¿por qué no?, asustados por aquel Gleudy que les había hecho frente, los tres niños finalmente salieron corriendo a refugiarse a sus casas.
¿Qué contenía esa pistolita?, ¿agua?, ¿magia? ¿Quién era ese nuevo Gleudy que en un abrir y cerrar de ojos había plantado cara a sus miedos, vencido a sus enemigos y sobrevivido al carnaval? Pues sucedió que al entrar en aquella juguetería y pasear por los pasillos para curiosear los estantes, Gleudy comprendió que él también podía participar y disfrutar de esos juegos carnavalescos; que todas las personas, incluyéndolo a él mismo, podían, aunque sea por un breve instante, volver a ser niños.
Es por eso que ahora un renovado Gleudy, un valiente hombre de traje y maletín (y una pequeña pistola de agua dentro), cruzaba a salvo la vereda y entraba triunfante a su casa, recibido y premiado con el dulce beso de su esposa.



R.