2015
Bautizo de "Crónicas de Narragonia",excelente libro de cuentos del poeta y amigo José Barroso. Acto efectuado en el Balcón de los Arcaya el día 2 de julio de 2015.
Afiche del XIII Concurso
de Poesía y Cuento Rafael José Álvarez 2015, donde tuve el honor de participar como jurado junto a Gilmer Contín y
Yeglimar Pereira.Resultó ganadora
Angélica Alvarado por su magnífico cuento "Anatomía de un farol". ¡Felicitaciones Angélica!
"Cartas de Puro Amor Coriano", concurso literario patrocinado por el diario Nuevo Día, donde nuevamente tuve el honor de participar como jurado junto a Yennalber Sánchez y Gilmer Contín. Resultaron ganadores: el profesor Víctor "Tito" Guerra, Calíxto Gutiérrez, Carmen Jurado Brett, Francisco Hernández y Rebeca del Carmen Reyes. ¡Mis felicitaciones a todos!
Publicación de los relatos "La niña cíclope", "Piñata" y "Ya me voy" en la revista ALHUCEMA (España), revista internacional de teatro y literatura, en su edición #32. Mi agradecimiento a los amigos Emilio Ballesteros y Camilo Morón.
Alhucema #32
Página oficial de la revista Alhucema.
"Reencuentro de Poetas" al que lamentablemente no pude asistir. Al poeta y amigo Antonio Robles, gracias por incluirme.
R.
1 ago 2015
2 jun 2015
Edén: Coro (Capítulo III)
2014
Intro
Capítulo I
Capítulo II
Payaso / soy un triste payaso / que en medio de la noche / me pierdo en la penumbra / con mi risa y mi llanto... En las oscuras profundidades del desierto de Coro, adyacente al antiguo cementerio indio, un clandestino y concurrido prostíbulo, único establecimiento visible en aquel inhóspito paisaje, ofertaba su lasciva mercancía.
El Cliente, un humilde artesano zoofílico asiduo al lugar, desmontó de su “querida” burra parda y la ató en una de las barandas de la entrada. «Lo siento amiga —le susurró—, pero dos mendigos no pueden pedir comida juntos». Le acarició el pelo de la crin al animal y cruzó el umbral.
Revise su (vehí)culo antes de abandonar este local rezaba un cartel en la puerta. Dentro, las risas plumíferas, el olor a sudor rancio y las deprimentes melodías que expelía la rockola, describían a la perfección aquel libidinoso Mos Eisley coriano. No puedo / soportar mi careta / ante el mundo estoy riendo / y dentro de mi pecho / mi corazón riendo.
—Bueeenas —le salió al paso el Coronel, un truhán aprovechador que alternaba los roles de madame y cantinero del local—. Tiempo que no venías por acá, Careconcha. ¿Vas a comer o a coger?
—¡A comer, a comer!
—Ahí me quedaron algunos sobrados de asadura y chivo en vara.
—¿Qué es eso de chivo en vara?
—Un animal con un palo metido en el rabo.
—¿Y no tiene más nada, capi?
—Más nadita, Careconcha.
Hambriento como estaba, el Cliente prefirió no ponerse exigente, llevaba meses alimentándose de legumbres radioactivas. Unas buenas chanfainas le vendrían bien.
Mientras esperaban a que saliera la orden el Coronel, viejo proxeneta acostumbrado a tratar con todo tipo de gente, se propuso desplumar esa misma noche a su cliente más esquivo.
—¡Este mundo es para los machos! —exclamó, alzando las tenazas que tenía por manos—. Anda, échale un vistazo a la mercancía, tengo de todo: mutantes, robots, parrilla mixta y mujeres. Podemos negociar un descuento.
—¿Mu-mujeres?
—¡Importadas de china! Nada de esa vaina plástica hecha en el Imperio.
El Cliente miró hacia el extremo de la barra donde se apoyaban las meretrices y arrugó la cara.
—Nuuu, capi —protestó—. No cambio a mi burrita ni por todo el oro del mundo.
—Vamos, ya sé que se ven grotescas, sin brazos ni ojos, pero te aseguro que son unas auténticas batidoras —el Coronel tomó de la mesa contigua una garrafa de Cocuy y llenó dos copas—. Bueno, realmente no te pierdes de nada, estas putas no son como las de antes. Desde que el meteoro y la súper bacteria venérea acabaron con todas ellas, hallar a una mujer, una de verdad, se ha convertido en una auténtica hazaña. Yo particularmente prefiero a las hembras con rabos enormes pero… escucha bien, cabrón, este es otro mundo con otras costumbres, aquí no se halla ni siquiera una doña para un rosario, no se halla nada, así que más te vale que cuando tengas una cuchara enfrente, sea gorda, peluda o maloliente, no dudes en meterlo. ¡Meterlo, carajo! Puede que seas la última esperanza de este planeta, o al menos de Coro.
De pronto un gran estruendo se escuchó en el cielo. ¡BROOOOOM! La clientela alzó la vista al techo y observó nerviosa cómo la bola de espejos y los bombillos empezaron a mecerse. «¿Otro meteoro?». Enseguida se oyó un silbido ensordecedor y todo el burdel comenzó a temblar, mesas, sillas, vasos, algunas botellas rodaron por el suelo y otras se hicieron añicos.
Los primeros en salir corriendo fueron los que se encontraban en la barra. Los más rezagados, aquellos dentro de los baños y en los cuartos recibiendo servicios, dejaron atrás pantalones, sostenes, billeteras…
—¡Mi burra! ¡Mi burra! —clamó el afligido Careconcha al no hallar en la entrada a su amante cuadrúpeda—. ¡Alguien ha cogido mi burrita!
En el instante en que la horda emergió del lupanar, pasaron sobre sus cabezas los enormes flotadores de un hidroavión en llamas que desprendió el techo del establecimiento y se estrelló lejos, en el horizonte.
Incluída en "Niños, meteoros y otros causantes el fin del mundo" (2014).
R.
Intro
Capítulo I
Capítulo II
Payaso / soy un triste payaso / que en medio de la noche / me pierdo en la penumbra / con mi risa y mi llanto... En las oscuras profundidades del desierto de Coro, adyacente al antiguo cementerio indio, un clandestino y concurrido prostíbulo, único establecimiento visible en aquel inhóspito paisaje, ofertaba su lasciva mercancía.
El Cliente, un humilde artesano zoofílico asiduo al lugar, desmontó de su “querida” burra parda y la ató en una de las barandas de la entrada. «Lo siento amiga —le susurró—, pero dos mendigos no pueden pedir comida juntos». Le acarició el pelo de la crin al animal y cruzó el umbral.
Revise su (vehí)culo antes de abandonar este local rezaba un cartel en la puerta. Dentro, las risas plumíferas, el olor a sudor rancio y las deprimentes melodías que expelía la rockola, describían a la perfección aquel libidinoso Mos Eisley coriano. No puedo / soportar mi careta / ante el mundo estoy riendo / y dentro de mi pecho / mi corazón riendo.
—Bueeenas —le salió al paso el Coronel, un truhán aprovechador que alternaba los roles de madame y cantinero del local—. Tiempo que no venías por acá, Careconcha. ¿Vas a comer o a coger?
—¡A comer, a comer!
—Ahí me quedaron algunos sobrados de asadura y chivo en vara.
—¿Qué es eso de chivo en vara?
—Un animal con un palo metido en el rabo.
—¿Y no tiene más nada, capi?
—Más nadita, Careconcha.
Hambriento como estaba, el Cliente prefirió no ponerse exigente, llevaba meses alimentándose de legumbres radioactivas. Unas buenas chanfainas le vendrían bien.
Mientras esperaban a que saliera la orden el Coronel, viejo proxeneta acostumbrado a tratar con todo tipo de gente, se propuso desplumar esa misma noche a su cliente más esquivo.
—¡Este mundo es para los machos! —exclamó, alzando las tenazas que tenía por manos—. Anda, échale un vistazo a la mercancía, tengo de todo: mutantes, robots, parrilla mixta y mujeres. Podemos negociar un descuento.
—¿Mu-mujeres?
—¡Importadas de china! Nada de esa vaina plástica hecha en el Imperio.
El Cliente miró hacia el extremo de la barra donde se apoyaban las meretrices y arrugó la cara.
—Nuuu, capi —protestó—. No cambio a mi burrita ni por todo el oro del mundo.
—Vamos, ya sé que se ven grotescas, sin brazos ni ojos, pero te aseguro que son unas auténticas batidoras —el Coronel tomó de la mesa contigua una garrafa de Cocuy y llenó dos copas—. Bueno, realmente no te pierdes de nada, estas putas no son como las de antes. Desde que el meteoro y la súper bacteria venérea acabaron con todas ellas, hallar a una mujer, una de verdad, se ha convertido en una auténtica hazaña. Yo particularmente prefiero a las hembras con rabos enormes pero… escucha bien, cabrón, este es otro mundo con otras costumbres, aquí no se halla ni siquiera una doña para un rosario, no se halla nada, así que más te vale que cuando tengas una cuchara enfrente, sea gorda, peluda o maloliente, no dudes en meterlo. ¡Meterlo, carajo! Puede que seas la última esperanza de este planeta, o al menos de Coro.
De pronto un gran estruendo se escuchó en el cielo. ¡BROOOOOM! La clientela alzó la vista al techo y observó nerviosa cómo la bola de espejos y los bombillos empezaron a mecerse. «¿Otro meteoro?». Enseguida se oyó un silbido ensordecedor y todo el burdel comenzó a temblar, mesas, sillas, vasos, algunas botellas rodaron por el suelo y otras se hicieron añicos.
Los primeros en salir corriendo fueron los que se encontraban en la barra. Los más rezagados, aquellos dentro de los baños y en los cuartos recibiendo servicios, dejaron atrás pantalones, sostenes, billeteras…
—¡Mi burra! ¡Mi burra! —clamó el afligido Careconcha al no hallar en la entrada a su amante cuadrúpeda—. ¡Alguien ha cogido mi burrita!
En el instante en que la horda emergió del lupanar, pasaron sobre sus cabezas los enormes flotadores de un hidroavión en llamas que desprendió el techo del establecimiento y se estrelló lejos, en el horizonte.
Incluída en "Niños, meteoros y otros causantes el fin del mundo" (2014).
R.
16 abr 2015
Irse / Mind
2015
"Las fases de un suicida, su deshumanización transmutada en un animal, Muerte, descomposición física y posterior desintegración".
El presente corto es un trabajo académico para la materia Arte Audiovisual Experimental de la carrera TSU Artes Audiovisuales (VIII Trimestre) UNEFM.
ENLACE YOUTUBE
Dirección y edición: Ricardo Díaz Borregales.
Actuó: Yeglimar Pereira.
Audio:
"Birds in the forest with a stream in" – Salami Sound
“Screaming Cat Sound Effect” - https://www.youtube.com/watch?v=lSr7H...
Santa Ana de Coro - Venezuela - 2015
ADVERTENCIA: ESTA ES UNA PUBLICIDAD ENGAÑOSA.
El presente corto es un trabajo académico SIN FINES DE LUCRO, realizado por Carol Zavala, Ricardo Díaz Borregales, Fernando Acosta, Gleudy De León, Daniel Aranda y Nery Yaraure, para la materia de GESTIÓN Y MERCADEO, de la carrera de TSU en Artes Audiovisuales. UNEFM.
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Santa Ana de Coro - Venezuela - 2015
R.
"Las fases de un suicida, su deshumanización transmutada en un animal, Muerte, descomposición física y posterior desintegración".
El presente corto es un trabajo académico para la materia Arte Audiovisual Experimental de la carrera TSU Artes Audiovisuales (VIII Trimestre) UNEFM.
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Dirección y edición: Ricardo Díaz Borregales.
Actuó: Yeglimar Pereira.
Audio:
"Birds in the forest with a stream in" – Salami Sound
“Screaming Cat Sound Effect” - https://www.youtube.com/watch?v=lSr7H...
Santa Ana de Coro - Venezuela - 2015
ADVERTENCIA: ESTA ES UNA PUBLICIDAD ENGAÑOSA.
El presente corto es un trabajo académico SIN FINES DE LUCRO, realizado por Carol Zavala, Ricardo Díaz Borregales, Fernando Acosta, Gleudy De León, Daniel Aranda y Nery Yaraure, para la materia de GESTIÓN Y MERCADEO, de la carrera de TSU en Artes Audiovisuales. UNEFM.
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Santa Ana de Coro - Venezuela - 2015
R.
6 abr 2015
Edén: Coro (Capítulo II)
2014
Intro
Capítulo I
Días atrás:
Incluída en "Niños, meteoros y otros causantes el fin del mundo" (2014).
R.
Intro
Capítulo I
Días atrás:
A
10.000 metros de altura el hidroavión comenzó a sacudirse con violencia. Uno de
los pasajeros, Indio Lenon, despertó en medio de la turbulencia y desorientado
miró a su alrededor. Se sobresaltó al descubrir en el asiento de al lado a un
payaso, uno de verdad, de cara blanca y nariz roja. «Aquí dejan viajar a
cualquiera», se dijo. De niño había visto a Popy en un acto de su escuela, pero
ni siquiera entonces estuvo tan cerca.
Ya
más tranquilo se asomó a la ventanilla y observó con sosiego la densa negrura.
Observó, pesaroso, su propio reflejo.
Indio
Lenon, la dilatada estrella de rock de los ‘90, era un espécimen en peligro de
extinción. Ya nadie compraba discos; por ende, el sello disquero le obligaba a
embarcarse en giras de promoción por todo el país, siempre de aquí para allá,
siempre en vuelos baratos, siempre solo... «¿Qué clase de vida es esta?» se
preguntaba el Indio, deprimido.
Aquella
mañana le había costado un mundo
levantarse de la cama —jamás hubo frase mejor dicha—. Bañarse, vestirse y tener todo listo para
estar a tiempo en el hidropuerto fue una verdadera proeza.
—No
vayas a comer nada durante el vuelo —le aconsejó en el andén su bella y atenta Mecamante, un dulce robot doméstico de
tercera generación.
—Despreocúpate,
amor —le contestó él, sonriente.
¡Ah,
cómo adoraba a su Mecamante! Desde
que la adquirió, hace más de un año, nunca antes se había sentido tan bien
atendido, nunca antes tan complacido. Con ternura besó aquellos labios
sintéticos y suavemente la tomó por el cuello. ¡TRACK! Giró su cabeza 360° y le
puso baterías nuevas en el compartimiento de la cerviz. «Ojalá fuera real»
pensó con tristeza mientras embarcaba y le decía adiós con la mano, «de regreso
la llevaré a cenar».
De
haber sabido…
¡PAF!
Un manotazo en el hombro sacó a Indio Lenon de su abstracción.
—Muchacho
—le habló su vecino, el payaso—, te vas a morir de la risa con lo que te voy a
contar. Verás, siempre quise ser
un bufón; en mi cumpleaños número nueve papá y mamá me llevaron a conocer el
circo, fue lindo, había leones, jirafas, trapecistas; por desgracia de regreso
a casa chocamos de frente contra un tractor y salí
disparado del auto. Perdí mi dentadura y a toda mi familia. ¿Te gustaría verme
sonreír?
Indio
Lenon no se atrevió a pronunciar palabra alguna. «No, este no se parece en nada
a Popy. Da más miedo».
De
repente las luces que indicaban abrocharse los cinturones se encendieron, los
motores del hidroavión se apagaron y bruscamente comenzaron a descender en
posición vertical. Todos a bordo entraron en pánico cuando una de las Mecazafatas pasó deslizándose por el
pasillo-tobogán gritando: «¡NOS MATAMOS! ¡NOS VAMOS A MATAR!». Y mientras caían
en picada el payaso no paraba de reír. Aquella boca era un oscuro y profundo
agujero desdentado.
Hilarante.
Incluída en "Niños, meteoros y otros causantes el fin del mundo" (2014).
R.
3 feb 2015
Edén: Coro (Capítulo I)
2014
Todo eso está muy revuelto, por ahí pa’rriba.
No se habla sino del fin del mundo que ya y que se acerca.
Y no es para menos, con tanta maluqueza que se comete en la tierra.
Cantaclaro, Rómulo Gallegos
Intro
Arena hasta donde alcanzaba la vista. A la gente como le gustaba este paisaje hostil, el sol, el calor, el viento que pica… ¿Habrá algo más sabroso que rodar cuesta abajo por Los Médanos y llenarse el culo de arena?
A lo lejos, entre las dunas de aquel estéril y post-apocalíptico desierto de Coro, el sonido de un tanque de guerra se dejaba escuchar.
BBBBRRRRRRR… ¡CRASH! ¡TRASH!
Bajo sus poderosas orugas la carrocería de un antiguo auto volador quedó aplastada; un robot y un fósil de lavadora hechos añicos; chatarra tecnológica pulverizada.
BBBBRRRRRRR… ¡CRASH! ¡TRASH!
Dentro del vehículo, los dos tripulantes debían hablarse a gritos para oír sus voces por encima del ruidoso motor:
—¡Párame bola! —exclamó la última mujer del planeta—. Te digo que no queda casi nada de Falcón. Todo lo que había del “cuello” para arriba está bajo las aguas; de ese mar infestado de krákenes apenas sobresalen los mechurrios y la puntica del cerro Santa Ana… Ignoro qué fue lo que pasó, solo sé que ese día de la inundación yo traía a mi viejita agarrada por una mano y el agua me la jaló; «¿para dónde vas má?» le grité, y cogió para allá abajo…
BBBBRRRRRRR… ¡CRASH! ¡TRASH!
El blindado armatoste esquivó un escarabajo monstruoso y casi se lleva por delante el Monumento a La Madre, un triste recuerdo de aquellos fértiles años que ya jamás volverían.
—¿Que qué pasó? —preguntó consternado Indio Lenon, compañero de viaje y última estrella de rock del planeta—. Pues pasó que el Señor, enfadado, envió desde el cielo un meteoro a destruirnos; pero no hubo tal fin del mundo, nooo, eso hubiese sido demasiado piadoso, sobrevivimos; aunque lo peor vino después cuando comenzaron a morir las mujeres. Al principio solo hubo cierta escasez; luego proliferó una depredación sexual que terminó convertida en norma social. Algunos hombres, dueños aún de su honra y cordura, defendieron a sus hijas y hermanas hasta la muerte. Otros no.
El tanque sorteó los restos del Parque Ferial y se enfiló por la desquebrajada avenida Independencia. La sobrecogedora paz atómica que les recibió en Los Tres Platos los turbó. De no haber presentido el peligro se habrían bajado a tomar fotografías.
—En fin —prosiguió el Indio, ya más calmado—, un día la humanidad despertó de su locura y vio que entre las pocas criaturas que aún poblaban este planeta no había ninguna mujer. Entonces el hombre lloró, desconsolado comprendió que estaba solo. Y peor aún, que sin descendencia su extinción era algo inminente.
Piano a piano continuaron el safari. Coro ardía bajo aquel abrasador fuego solar. La fauna mutante y los eternos cardones que nunca dejaron de reclamar sus derechos ocultaban de a poco los restos de aquella extinta urbe de barro. No obstante, entre el caos de espinas y vigas retorcidas aún se apreciaban atisbos de civilización: anuncios de bebidas refrescantes y vieja propaganda electoral; Manaure, el gran Caquetío, ya no ofrecía alimento a los visitantes, su brazo amputado yacía inerte ante sus propios pies; de aquel centenario Arco de la Federación, demolido y erigido media docena de veces, finalmente no quedaba rastro; más adelante, en la esquina Trébol, un viejo pigmeo seguía vociferando: «¡La vida! ¡La vida! ¡Llévate la vida!».
Incluída en "Niños, meteoros y otros causantes el fin del mundo".
R.
Todo eso está muy revuelto, por ahí pa’rriba.
No se habla sino del fin del mundo que ya y que se acerca.
Y no es para menos, con tanta maluqueza que se comete en la tierra.
Cantaclaro, Rómulo Gallegos
Intro
Arena hasta donde alcanzaba la vista. A la gente como le gustaba este paisaje hostil, el sol, el calor, el viento que pica… ¿Habrá algo más sabroso que rodar cuesta abajo por Los Médanos y llenarse el culo de arena?
A lo lejos, entre las dunas de aquel estéril y post-apocalíptico desierto de Coro, el sonido de un tanque de guerra se dejaba escuchar.
BBBBRRRRRRR… ¡CRASH! ¡TRASH!
Bajo sus poderosas orugas la carrocería de un antiguo auto volador quedó aplastada; un robot y un fósil de lavadora hechos añicos; chatarra tecnológica pulverizada.
BBBBRRRRRRR… ¡CRASH! ¡TRASH!
Dentro del vehículo, los dos tripulantes debían hablarse a gritos para oír sus voces por encima del ruidoso motor:
—¡Párame bola! —exclamó la última mujer del planeta—. Te digo que no queda casi nada de Falcón. Todo lo que había del “cuello” para arriba está bajo las aguas; de ese mar infestado de krákenes apenas sobresalen los mechurrios y la puntica del cerro Santa Ana… Ignoro qué fue lo que pasó, solo sé que ese día de la inundación yo traía a mi viejita agarrada por una mano y el agua me la jaló; «¿para dónde vas má?» le grité, y cogió para allá abajo…
BBBBRRRRRRR… ¡CRASH! ¡TRASH!
El blindado armatoste esquivó un escarabajo monstruoso y casi se lleva por delante el Monumento a La Madre, un triste recuerdo de aquellos fértiles años que ya jamás volverían.
—¿Que qué pasó? —preguntó consternado Indio Lenon, compañero de viaje y última estrella de rock del planeta—. Pues pasó que el Señor, enfadado, envió desde el cielo un meteoro a destruirnos; pero no hubo tal fin del mundo, nooo, eso hubiese sido demasiado piadoso, sobrevivimos; aunque lo peor vino después cuando comenzaron a morir las mujeres. Al principio solo hubo cierta escasez; luego proliferó una depredación sexual que terminó convertida en norma social. Algunos hombres, dueños aún de su honra y cordura, defendieron a sus hijas y hermanas hasta la muerte. Otros no.
El tanque sorteó los restos del Parque Ferial y se enfiló por la desquebrajada avenida Independencia. La sobrecogedora paz atómica que les recibió en Los Tres Platos los turbó. De no haber presentido el peligro se habrían bajado a tomar fotografías.
—En fin —prosiguió el Indio, ya más calmado—, un día la humanidad despertó de su locura y vio que entre las pocas criaturas que aún poblaban este planeta no había ninguna mujer. Entonces el hombre lloró, desconsolado comprendió que estaba solo. Y peor aún, que sin descendencia su extinción era algo inminente.
Piano a piano continuaron el safari. Coro ardía bajo aquel abrasador fuego solar. La fauna mutante y los eternos cardones que nunca dejaron de reclamar sus derechos ocultaban de a poco los restos de aquella extinta urbe de barro. No obstante, entre el caos de espinas y vigas retorcidas aún se apreciaban atisbos de civilización: anuncios de bebidas refrescantes y vieja propaganda electoral; Manaure, el gran Caquetío, ya no ofrecía alimento a los visitantes, su brazo amputado yacía inerte ante sus propios pies; de aquel centenario Arco de la Federación, demolido y erigido media docena de veces, finalmente no quedaba rastro; más adelante, en la esquina Trébol, un viejo pigmeo seguía vociferando: «¡La vida! ¡La vida! ¡Llévate la vida!».
Incluída en "Niños, meteoros y otros causantes el fin del mundo".
R.
31 dic 2014
Edén: Coro (Intro)
2014
«Verás, todas las noches aquel niño saltaba de la cama y despertaba a su amiguita para jugar junto a ella al “fin del mundo”, imaginaba que aquel era el último día en la tierra y que el Señor, enfadado, había enviado desde el cielo un meteoro a destruirlos… Pocos meses después otro niño, un pujante autor de ciencia ficción, publicó en el periódico de su escuela un relato acerca de un cometa y el fin del mundo; y como bien sabemos, un día el cielo se abrió y Apophis, con su larga cola llameante, cruzó el firmamento e impactó la tierra con una fuerza equivalente a 20.000 bombas atómicas… “fulgor maravilloso venido de los cielos”... ¿Acaso no te das cuenta, mujer? Todo lo que esos carajitos predijeron sucedió: el meteoro, el fin del mundo... ¡Maldita sea, maldita sea! ¡Los niños saben! ¡Saben!».
Incluída en "Niños, meteoros y otros causantes el fin del mundo".
R.
27 dic 2014
Desde el Invierno. 3ra parte (final)
2014
Un crujir de ramas hizo despertar a la joven. «¿Dónde estoy?». Lentamente se irguió sobre la cama y encendió la lámpara. Con el sueño aún en sus ojos, observó la habitación de su difunta madre. La última vez que estuvo allí tan solo era una niña. «Aún me aferro a la esperanza de volverte a ver, hija mía» había escuchado en sueños. Fue entonces que el episodio, aquel que mucho tiempo permaneció bloqueado en su mente, resurgió para revelarle toda la verdad: «¡Si te atreves a tocarla juro ante el Señor que tus ojos no volverán a ver un nuevo amanecer!» escuchó gritar a su Madre aquella noche fatídica. Hubo un forcejeo. Un disparo. ¡Fuego! Más tarde madre e hija huirían a través del bosque dejando a sus espaldas un hogar en llamas. «El bosque es un lugar peligroso, hija mía. En él habitan todo tipo de criaturas terribles». ¡¡BANG!! La puntería del Coronel resultó demasiado certera. El gigante se apretó el pecho con fuerza y cayó sobre la nieve. La niña corrió desde la cabaña hasta los brazos de su amigo. Éste, agonizante, contempló con amor aquel pequeño rostro, un dulce rostro enmarcado por largos cabellos rubios que caían suaves por sus hombros desprendiendo un gratificante aroma a hierbas y a flores. «Volveremos a estar juntos, pequeña» le dijo antes de cerrar los ojos. La ventana se abrió de golpe y una fría ventisca penetró en la habitación. Descalza, la jovencita corrió a cerrarla y al asomar la cabeza lo vio. «¡Tú!». Sí, ahí estaba, oculto entre el follaje. Inmediatamente tomó su abrigo y bajó las escaleras. En el salón, sentado plácidamente frente a la chimenea, halló a su padre, el Coronel. Éste giró la cabeza como un búho y se le quedó mirando. A pesar de su evidente envejecimiento, de las mejillas chupadas y las cuencas de los ojos hundidas, aún conservaba aquella imponencia que siempre lo caracterizó. «Sabía que retornarías al hogar, hija mía» le dijo. Luego avanzó lentamente hacia ella. Cuando la tuvo enfrente alzó el hacha que traía entre sus manos y… ¡ZAS! Chorreante, la pequeña cabeza rubia voló por el salón y se estrelló en la chimenea, consumiéndose en el fuego. Al cruel villano le gusta asegurar que el hachazo fue tan potente que pulverizó a la niña en el acto. Como sea, ya no importaba, la maldad, una vez más, había vencido. La luz del bosque comenzaba a cambiar. El amanecer iba tiñendo de rojo el firmamento. Y en el jardín secreto, allí donde enterraron a su Madre, donde las estrellas parecían brillar más que en ningún otro lado, la niña y el Gigante volvieron a reunirse.
R.
Finalizando este intento de relato infantil.
Lee la primera parte aquí
Lee la segunda parte aquí
FIN
R.
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