1 jun 2016

Premio Nacional de Literatura Rafael María Baralt (2do en Poesía)

2016



































El pasado sábado 28 de mayo, en la sede del Posgrado UNERMB en la ciudad de Maracaibo, se hizo entrega de los premios a las obras ganadoras del IV Premio Nacional de Literatura Rafael María Baralt, donde HERIDA, COSTRA Y CICATRIZ obtuvo el segundo lugar en poesía. 

¡Muy agradecido!

Aquí el listado de las obras ganadoras:

POESÍA
1 – Freddy Duran ("Floresta", Etanislao Boreal),
2 – Ricardo Díaz Borregales ("Herida, costra y cicatriz", Hombre Espejo),
3 – Ender Mora (Rarezas, Arom Redar),
a – José Ramírez (Colección de pensamientos, Ignacio Lafourcade),
b – María Elena Luzardo (Instantes permanentes, Lancelot).

NARRATIVA
1 – Rafael Hurtado ("La arrogancia fantasma del escritor invisible", Buenafuente),
2 – Job Jurado ("La conquista de Guacango", Joani Gabriel),
3 – José Gregorio Parada ("Barco a la deriva", Josefo),
a – Luis Arcenio Bonilla ("La lanza de Boves", El Principiante),
b – Juan Luis Guerrero ("Un ángel con cola", J. L. Police).

Al acto de entrega asistieron la profesora Victoria Martínez Carvajal, Secretaria de la UNERMB, el profesor Johan Manuel Méndez Reyes, Vicerrector Académico de la UNERMB, el profesor Ricardo Rodríguez Ball, coordinador del premio Nacional de Literatura Rafael María Baralt, y los miembros del jurado, la presidenta de la Casa de la Poesía del Zulia, Graciela Rivas y el poeta Julio Jiménez. Además de diversas personalidades literarias del estado Zulia como el poeta Camilo Balza Donatti, el periodista Alexis Ramón Blanco y Rafael Simón Hurtado, ambos Premio Nacional de Periodismo.

Según los organizadores “la labor del jurado no fue fácil, muchos trabajos buenos, muy buenos, así que a todos, felicitaciones”.





















Acá algunas notas de la premiación:


R.

23 feb 2016

Edén: Coro (Capítulo V)

2014

Intro
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III

Capitulo IV


Que serena y triste era la noche en aquel estéril y post-apocalíptico desierto de Coro. Como triste era tener que enterrar a la única compañía que, tal vez, de algún modo, hubiese hecho más soportable aquel incierto destino.
    El hombre, único habitante de esta asolada humanidad fálica, es solo un patético ser resignado al consuelo momentáneo de una muñeca de plástico; un ser resignado a la espera de que un buen día (probablemente hoy) la Muerte llegue y lo borre para siempre de la faz de la tierra.
    «Señor —meditaba el Indio Lenon mientras sepultaba al payaso—. Juez y piadoso salvador. Perdónanos». Y mientras rellenaba la fosa, el Indio no dejaba de tararear aquella tonada circense, Entry of the Gladiators, era lo más apropiado: Tata-tararara-tata…

    Acabada la labor, Indio Lenon volvió a la casa. Justo entonces, en el instante en que trancaba la puerta, el leve murmullo de una regadera abierta en el segundo piso se dejó escuchar. «¿Otro pasajero?». El Indio tomó la pala, subió las escaleras en dos zancadas e irrumpió con violencia en el baño. Una vez allí, para su asombro, el mundo resultó ser un Edén fragante y amarillo.
    Alfombras amarillas, papel higiénico amarillo y unas velas aromáticas amarillas que hacían ver todo el interior del baño… sí, ¡amarillo! Las repisas estaban repletas de jabones, cremas, colitas y liguitas; también había un espejo de cuerpo entero y una cesta de ropa sucia con el contenido esparcido por el suelo: medias, licras, sostenes...
    Los ojos de Indio Lenon casi saltan de sus órbitas al descubrir dentro de la regadera sin cortinas a una enorme morena. «¡Qué sapo es éste!» exclamó al ver la gloriosa hendidura que la mujer, la última mujer del planeta, tenía entre las piernas. «¡Alabado sea el Señor, estamos salvados!».

    Comenzaba a amanecer. Los primeros rayos entraron por una ventanita e iluminaron la rolliza silueta de aquella hembra en plan de remojo. El agua rebotaba en sus pelos de alambre, los miles de pequeños diamantes adheridos a su piel no dejaban de brillar. El Indio no podía creer su buena suerte, a pesar de que el planeta se inundó y su mundo tal como lo conocía se había esfumado, aquella Eva de cuerpo generoso y cabello impermeable, verdadera belleza de Órdago, lo compensaba todo.
    De repente la muchacha cerró la llave y salió de la regadera. No se molestó en tomar la toalla, con retadora altivez avanzó chorreante por el baño. Sus tetas, enormes como globos, oscilaban de lado a lado salpicándolo todo... Entonces, sin mediar palabra se abalanzó sobre el intruso y cayeron sentados en la poceta.
    —¿Peso? —preguntó ella.
    El hombre apretó los dientes y negó con la cabeza. En el momento en que la chica sintió la inevitable erección del Indio, comentó:
    —No sería gracioso que siendo yo la última mujer del planeta no me atrajeran los hombres.
    Exhausto por el esfuerzo de enterrar y haberse desenterrado, Indio Lenon meditó: «¿Qué será de mi fiel Mecamante? ¿Se habrá quedado sin pilas? Bah, mejor espero a que endurezca la mierda».
    —¿Damos un paseo en tanque? —preguntó la muchacha en tono conciliador—. Desde que el mar engulló carreteras y gente ya nadie viene por acá.
    Pero el Indio ya no escuchaba. Con una tristeza en el alma y un pasmo en las piernas se asomó a la ventanita para observar el amanecer. Observó, animoso, a una burra parda que pasó trotando libremente entre las dunas de aquel estéril y post-apocalíptico desierto de Coro.

    FIN


Incluido en el libro de cuentos:
Niños, Meteroros y otros causantes del Fin del Mundo (2014)


R.

3 feb 2016

25 años de Indiolenon

2016

29 de octubre de 2016: ¡25 años del Indio!
















Con motivo de celebrar los 25 años de Indiolenon, y 20 años del primer unplugged...

Indiolenon #018





















Por supuesto, esto es una publicidad engañosa (logotipos prestados), solo una excusa para realizar algunos dibujos nuevos que evoquen los años gloriosos del indio.

Mientras, hora de revisar la historia de esta Leyenda.


R.



11 ene 2016

Actividad 2015-2016

2016

Noviembre 2016.- Acá un texto del poeta falconiano Darío Medina:

"Y así es como me alegran la mañana, el día, la vida...

I

─Son muy pocas las personas cuyas palabras concuerdan con su existencia, nos dice Sándor Márai
─¿Entre ellas: Cardenal, Galeano, Savater, Cadenas?
─Es posible que las palabras a las que se refiere Sándor Márai, no sean precisamente literarias (Márai, como escritor, lo sabía), sino más bien otras; como otras deben ser las personas con cuya existencia esas palabras concuerdan…
─¿Luego, La sabiduría está en otra parte?
─No siempre en la palabra escrita, aunque se diga sagrada, filosófica, literaria…
─¿Y nuestras escrituras, sólo Vanidad de vanidades?
─Bueno, si la sabiduría no se nos da en la escritura, tal vez podamos descubrirla en la lectura de los clásicos. ¿Me permiten citarles algo que quiere ir más allá del Eclesiastés, y siente en la palabra de Cervantes y en la de San Juan de la Cruz la sabiduría de vida que buscamos?
─Sí, por favor.
─Cito: ”Leyendo el Quijote se oye decir: Alcanzarás tu sabiduría cuando logres que la vida llegue a ser en ti ─como la palabra en el poema de San Juan de la Cruz─ amada en el amado transformada!”

II

─…Y si no fue el Dios de los hebreos, ¿quién creó entonces esto?
─Mi respuesta sólo alcanza, como todas, el no saber. Diría, por ejemplo: No fue creado... O tal vez lo creó el Dios de la nada… O la nada de la nada…
─¿Luego?
─Asombro… Gratitud…
─Ni tan nada…
─Sí, así es… Pero ahora, óigame lo siguiente: Como en una nota sobre el Eclesiastés se dice que el hombre “no es más que el servidor hecho de barro a quien Dios impuso la tarea penosa de buscar siempre…”, permítanme que les lea un texto que quiere estar de acuerdo con la metafísica ─es decir, la física─ de Jorge Guillén.
─Claro…
─Dice el texto: ”De la búsqueda que va más allá de Dios Y vuelve para abismarse en este aquí, la vida. Aire nuestro que respiro, Respiras”.

III

─¿Y en la música encontraríamos sabiduría, trascendencia? ¿Y cuál sería la cita que nos permitiría
suponer esto?
─Bueno, me gustaría citarles algo muy breve, que espero no sólo sea un atrevimiento... “Aquel que no se ha oído en Bach, ¿ha sido?”

IV

(Para Gabriela Velazco y Ricardo Díaz B., en Acción de gracias)."

Darío Medina.
















Viernes 19 de agosto de 2016 (Maracay). Reunión con los poetas y amigos César Blanco y Manuel Cabesa. Salud!






























Viernes 15 de julio de 2016. Presentación en la FILVEN 2016 capítulo Falcón, junto a Gabriela Arianne Velázco, Johander Robertis, Juan Francisco Lara y Mauricio Miso García.

 














Sábado 14 de mayo de 2016. Entrevista con las chicas del Colegio María Auxiliadora de Coro.

 

















Viernes 13 de mayo de 2016. "Viernes de Cuentos", iniciativa de la editorial Negro sobre Blanco.

 














Sábado 23 de enero de 2016. Tertulia literaria en el Café Venezuela de Coro junto a los destacados poetas Antonio Robles, Gabriel Jiménez Emán, Celsa Acosta, entre otros.

Para conmemorar los 25 años de la adaptación fílmica de la novela “El silencio de los corderos” de Thomas Harris, elegí leerles una de mis líneas favoritas de la novela, que por cierto no aparece en la película:

"- No me sucedió nada, agente Starling. Yo sucedí. No acepto que se me reduzca a un conjunto de influencias. En favor del conductismo han eliminado ustedes el bien y el mal, agente Starling. Han dejado a todo el mundo en cueros, han barrido la moral, ya nadie es culpable de nada. Míreme, agente Starling. ¿Es capaz de afirmar que yo soy el mal? ¿Soy la maldad, agente Starling?
- Creo que ha sido usted destructivo, lo cual para mí equivale a lo mismo.
- ¿Solamente la maldad es destructiva? Si las cosas son tan simples, según tal razonamiento las tormentas son la maldad. Y el fuego, que también existe, y el granizo. Los que así piensan lo echan todo en un mismo saco que lleva por nombre obra de Dios.
- Todo acto deliberado...
- Para entretenerme colecciono noticias de derrumbamientos de iglesias. ¿Se ha enterado del que acaba de producirse en Sicilia? ¡Maravilloso! Se desplomó la fachada aplastando a sesenta y cinco beatas que asistían a misa mayor. ¿Fue eso maldad? Si acordamos que sí, ¿quién la causó? Si Él está ahí arriba, créame, agente Starling, se regocija. El tifus y los cisnes, todo procede del mismo sitio."

Agradecimiento especial a Antonio por la invitación.
















Sábado 9 de enero de 2016. Encuentro con el Grupo Literario "Maíz" en el Café Venezuela de Coro. Sus integrantes: Jhinel "Ginnie" Arcaya, Sorimar Rodríguez, María Mosquera, Jorge Rivas y Vicmyr Hernández. Un saludo afectuoso a todos.
















Martes 29 de diciembre de 2015. Visita del artista plástico, poeta y amigo César Blanco de Maracay, quien junto a su familia nos visitó acá en Coro en estas navidades.

































Miércoles 9 de diciembre de 2015. ¡TSU en Artes Audiovisuales! "Ya lo decía Gustavo Cerati : Tarda en llegar. Y al final, al final, hay recompensa”.

Aquí los 17 que conformamos la primera promoción: Daniel Aranda, Ricardo Díaz, Gleudy De León, Ana Acosta, Efraín Mora, Leinner Hidalgo, Nery Yaraure, Jhonny Vivas, Justo López, Carlos Navas, Jesús Carrasquel, Armando Sarmiento, Ulises león, Adrian Veroes, Joan Quiroz, César Ruíz, Héctor Cedeño.

Un agradecimiento especial a nuestros compañeros Fernando Acosta, Carol Zavala y Óscar Ramírez, así como a los profesores Óscar Abreu, María Elvira Gómez y a todos los que con paciencia y preocupación nos inyectaron auténtica información útil y nos enseñaron el compromiso de darlo todo como estudiantes.
















Noviembre 2015. Diploma otorgado al cortometraje "La Gran Atrapada" (2012) en el III Festival Infantil del Audiovisual La Espiral, efectuado en Cuba en el mes de marzo. El corto fue realizado por Fernando Acosta, Gleudy De León, Ricardo Díaz, Nery Yaraure y Carol Zavala, en el II trimestre de la carrera de TSU Artes Audiovisuales. Tras cámaras de Leinner Hidalgo, Daniel Aranda y David Acosta.

Nuestro agradecimiento a Norma Courlaender por el apoyo.




















Nota redactada por el Poeta y amigo Manuel Cabesa (Maracay) que apareció publicada en la sección de cultura del periódico aragueño "Ciudad Maracay", el día martes 22 de septiembre de 2015. Mi infinito agradecimiento a Manuel y a los responsables del diario.


R.

29 oct 2015

Edén: Coro (Interludio - Capítulo IV)

2014

Intro
Capítulo I
Capítulo II

Capítulo III


Interludio

«¿Qué es esto que me brota de la cabeza? —se preguntó la última mujer del planeta—. ¿Pelos? ¿Alambres?». Un adulto, tras años de contemplarse en el espejo, debiera aceptarse tal cual es. No era su caso. De niña había sufrido las inseguridades y traumas propios de la edad: menstruación, sobrepeso, el tamaño de sus pechos; pero aquel problema capilar, ese que continuaba atormentándole en su madurez, se había llevado el premio mayor. «¿Por qué el cabello me crece así, tieso, “malo”, arremolinado e impeinable; hacia arriba y hacia los lados, totalmente opuesto a lo que dicta la ley de gravedad y algunas estrellas de rock?». En el liceo la habían bautizado “pelos de alambre”, algunos la llamaban “pelo impermeable” y otros mucho peor. A pesar de haber abandonado las aulas hace más de quince años, las risas de sus crueles ex compañeros de clase seguían resonando en sus oídos: «pelos de alambre, pelos de alambre, pelos de alambre...».

 Capítulo 4

Y como pasa con algunos animales e insectos que entre sus dotes tienen la capacidad de entrar en estado de estivación y despertar meses después, Indio Lenon abrió los ojos. Lo primero que pensó fue que se había quedado ciego; luego, que estaba muerto. No podía doblar las piernas ni levantar los brazos ni darse la vuelta, solo sentía una incómoda rigidez bajo su espalda y sobre su pecho. Tosió con fuerza y la boca se le llenó de arena. Entonces, como una especie de fatídica revelación, lo supo:
«Me han enterrado vivo».
El Indio se lo tomó con calma. «Estas cosas pasan». Siempre intuyó que algo así podía sucederle; por eso, llegada la hora, prefería un buen nicho. Aunque… «¿Cómo hará la gente para dejarle flores a los que están más arriba?».
Enseguida comenzó a excavar como pudo. Con uno, con dos, con cuatro dedos. Primero hacia abajo para aliviar la tensión en los codos y liberar sus brazos, luego hacia arriba, hacia la superficie. «¿Y si arriba no es arriba? ¿Y si me han enterrado de cabeza?». Durante el ascenso o descensose topó con varios cráneos, vísceras secas y miembros amputados. Cuando el revivido finalmente sacó la cabeza una ráfaga de lluvia radiactiva le enjuagó el rostro. «¡NO ESTOY MUERTO!» gritó. De inmediato clavó los ojos en la oscuridad y poco a poco apareció en su campo visual un viejo tanque de guerra. Más allá, en la penumbra, una lóbrega y ruinosa casa.

El ahora prófugo de su tumba prematura avanzó torpe entre la arena y se introdujo con dificultad por una de las ventanas rotas; aquel recinto parecía un enorme depósito de cachivaches: relojes, sillas chuecas, mecedoras descocidas, campanas, maracas, discos de acetato… «Que mal gusto, no hay ninguno mío». También halló recortes de periódicos, docenas de artículos acerca de niños que vaticinaban la caída de un meteoro y el fin del mundo. «Los niños saben. Saben».
De repente percibió una delgada línea azul colándose por debajo de una puerta y al abrirla, para su sorpresa, halló a uno de los pasajeros del hidroavión sentado frente a un televisor. «¿Qué hay de nuevo, viejo?», preguntó Bugs Bunny desde la pantalla. Con cautela Indio Lenon se acercó al hombre del sillón y se le quedó viendo. A pesar de los arañazos, de la nariz rota y algunos pelos arrancados, aquel siniestro bufón aún se veía… ¿gracioso? Tenía la cara pintada como antes, pero ahora llevaba una media negra en la cabeza y una licra de leopardo que le cubría todo el cuerpo. «¿De dónde sacó esta ropa?». El Indio pasó una mano por delante de aquellos ojos amoratados y al no percibir ninguna reacción le tocó en un hombro. Casi se desmaya de la impresión cuando éste de pronto le saludó:
—Muchacho, te vas a morir de la risa con lo que te voy a contar.
Indio Lenon notó que al payaso también le faltaba un brazo y que en su mano buena, la única que tenía, reposaba una sucia pala.
—¡TÚ! —gritó—. ¡Fuiste tú quien me enterró vivo, hijo de puta!
—¿Eh? Sí, he sido yo. Pero dime, ¿ahora que estás fuera de tu tumba no extrañas la Muerte?
Colérico, el Indio le arrebató la pala y justo cuando iba a asestarle el palazo un súbito vértigo lo paralizó. PUM. PUM. Terribles punciones comenzaron a azotar su cabeza. PUM. PUM. La habitación se combó como quien ve por la mirilla de una puerta, todo se veía lejos; las paredes se alargaron adoptando una perspectiva imposible, irreal; el Conejo de la Suerte saltó del televisor y dio brincos por todo el lugar hasta perderse en el pasillo.
—Sinceramente fue lo mejor que nos pudo ocurrir —continuó hablando el de la nariz roja—. Digo, lo del hidroavión. Era repugnante ir rodeado de tanta gente, hedíamos. Míranos ahora, serenos, felices... ¡Ah, pero la felicidad es relativa, muchacho! Lo menos que tienen los hombres de hoy es sentido del humor. Y no los culpo, vivir en un mundo devastado y si mujeres no es nada gracioso. Nadie quiere un bufón… ¡Quieren un bufón salvador! ¿Te has fijado cómo la fe prospera en época de incertidumbre y confusión? Hay quienes incluso ven la efigie del Señor en el fondillo de un perro. Yo no puedo. ¿Tú tienes perro? Seguro sabes que no se puede recoger la caca recién hecha porque corre uno el riesgo de embarrarlo todo. Siempre es mejor esperar a que endurezca, así el trabajo resulta más sencillo. Todo en la vida es igual.
Y finalmente ocurrió que el payaso, sobreviviente de un accidente aéreo y de un meteoro misógino, sufrió un infarto y todos sus problemas acabaron. «Los infartos siempre dan risa dijo, apretándose el pecho con júbilo—. ¡Ahhh! Es el final que ya por fin ha llegado, me ha venido a buscar, espero jamás volver a comenzar. Y que los muertos no resuciten… ¡Ahhh!». 
Ahí estaba otra vez esa grotesca boca sin dientes.

 
Incluída en "Niños, meteoros y otros causantes el fin del mundo" (2014).


R.