2 jun. 2015

Edén: Coro (Capítulo III)

2014

Intro
Capítulo I
Capítulo II


Payaso / soy un triste payaso / que en medio de la noche / me pierdo en la penumbra / con mi risa y mi llanto...  En las oscuras profundidades del desierto de Coro, adyacente al antiguo cementerio indio, un clandestino y concurrido prostíbulo, único establecimiento visible en aquel inhóspito paisaje, ofertaba su lasciva mercancía.
        El Cliente, un humilde artesano zoofílico asiduo al lugar, desmontó de su “querida” burra parda y la ató en una de las barandas de la entrada. «Lo siento amiga —le susurró—, pero dos mendigos no pueden pedir comida juntos». Le acarició el pelo de la crin al animal y cruzó el umbral.
        Revise su (vehí)culo antes de abandonar este local rezaba un cartel en la puerta. Dentro, las risas plumíferas, el olor a sudor rancio y las deprimentes melodías que expelía la rockola, describían a la perfección aquel libidinoso Mos Eisley coriano. No puedo / soportar mi careta / ante el mundo estoy riendo / y dentro de mi pecho / mi corazón riendo.
        —Bueeenas —le salió al paso el Coronel, un truhán aprovechador que alternaba los roles de madame y cantinero del local—. Tiempo que no venías por acá, Careconcha. ¿Vas a comer o a coger?
        —¡A comer, a comer!
        —Ahí me quedaron algunos sobrados de asadura y chivo en vara.
        —¿Qué es eso de chivo en vara?
        —Un animal con un palo metido en el rabo.
        —¿Y no tiene más nada, capi?
        —Más nadita, Careconcha.
        Hambriento como estaba, el Cliente prefirió no ponerse exigente, llevaba meses alimentándose de legumbres radioactivas. Unas buenas chanfainas le vendrían bien.
        Mientras esperaban a que saliera la orden el Coronel, viejo proxeneta acostumbrado a tratar con todo tipo de gente, se propuso desplumar esa misma noche a su cliente más esquivo.
        —¡Este mundo es para los machos! —exclamó, alzando las tenazas que tenía por manos—. Anda, échale un vistazo a la mercancía, tengo de todo: mutantes, robots, parrilla mixta y mujeres. Podemos negociar un descuento.
        —¿Mu-mujeres?
        —¡Importadas de china! Nada de esa vaina plástica hecha en el Imperio.
        El Cliente miró hacia el extremo de la barra donde se apoyaban las meretrices y arrugó la cara.
        —Nuuu, capi —protestó—. No cambio a mi burrita ni por todo el oro del mundo.
        —Vamos, ya sé que se ven grotescas, sin brazos ni ojos, pero te aseguro que son unas auténticas batidoras —el Coronel tomó de la mesa contigua una garrafa de Cocuy y llenó dos copas—. Bueno, realmente no te pierdes de nada, estas putas no son como las de antes. Desde que el meteoro y la súper bacteria venérea acabaron con todas ellas, hallar a una mujer, una de verdad, se ha convertido en una auténtica hazaña. Yo particularmente prefiero a las hembras con rabos enormes pero… escucha bien, cabrón, este es otro mundo con otras costumbres, aquí no se halla ni siquiera una doña para un rosario, no se halla nada, así que más te vale que cuando tengas una cuchara enfrente, sea gorda, peluda o maloliente, no dudes en meterlo. ¡Meterlo, carajo! Puede que seas la última esperanza de este planeta, o al menos de Coro.
        De pronto un gran estruendo se escuchó en el cielo. ¡BROOOOOM! La clientela alzó la vista al techo y observó nerviosa cómo la bola de espejos y los bombillos empezaron a mecerse. «¿Otro meteoro?». Enseguida se oyó un silbido ensordecedor y todo el burdel comenzó a temblar, mesas, sillas, vasos, algunas botellas rodaron por el suelo y otras se hicieron añicos.
        Los primeros en salir corriendo fueron los que se encontraban en la barra. Los más rezagados, aquellos dentro de los baños y en los cuartos recibiendo servicios, dejaron atrás pantalones, sostenes, billeteras…
        —¡Mi burra! ¡Mi burra! —clamó el afligido Careconcha al no hallar en la entrada a su amante cuadrúpeda—. ¡Alguien ha cogido mi burrita!
        En el instante en que la horda emergió del lupanar, pasaron sobre sus cabezas los enormes flotadores de un hidroavión en llamas que desprendió el techo del establecimiento y se estrelló lejos, en el horizonte.


Incluída en "Niños, meteoros y otros causantes el fin del mundo" (2014).


R.