16 dic. 2011

Reseña de La Vida es Basura (por Luis R. García L.)

2011

"Esta novela nos presenta con cierta crudeza, aunque sin exhibicionismo, la angustia y desequilibrio de una adolescente cuya única voluntad, y valga la paradoja como ironía trágica, es dejar de existir y ser. Muchos adolescentes han pasado por una etapa así. No le encuentran sentido a la vida. ¿Pero qué ocurriría si además la adolescente padeciera una especie de trastorno depresivo intenso? Tras un intento, el enésimo, de suicidio ingresa en un psiquiátrico donde encuentra a un conocido de su infancia, un joven de su edad que padece progeria y está destinado a morir en breve, precisamente el sueño de ella. El cinismo de Rafa, lleno de resentimiento pero sin perder un ápice de humanismo, hace buen complemento con la algo más ingenua Adora en unos diálogos que no suenan descabellados en nuestra sociedad conspiranoica y escatológica. Yo le dije una vez a Ricardo con enfado que la vida no es basura porque la basura siempre es basura al menos por definición, mientras que la vida puede siempre mejorar. Ignoraba que su libro tenía un cierto componente de humor negro, pero ese comentario me sirvió para que él, con mayor calma y equilibrio emocional que yo, me ofreciera su amistad, que todavía conservo y es grande, afortunadamente".

Seguir leyendo la reseña en AL FIN LIBRO
 
Luis Rafael García Lorente (Alicante, España) narrador y poeta.
http://lacasaagramatical.blogspot.com/
http://alfinlibro.blogspot.com/

Gracias Luis, amigo.

R.

2 dic. 2011

Prensa y Radio

2011

 


















Entrevista Radial UNEFM 104.1 FM
Finca "El Guayabal" (Tocópero), jueves 01 de diciembre 2011















Mi agradecimiento a Anne Colina y Gladyscar Guzmán del Diario Nuevo Día; a Elisabel Oviol, compañera de trabajo y conductora del programa radial  "Revista Universitaria 104" transmitido por la UNEFM 104.1 FM.

R.

23 nov. 2011

Indiolenon #009

2011

















R.

29 oct. 2011

Larga vida al Indio

2011

Indiolenon #008: 20 AÑOS, 29/10/1991 - 29/10/ 2011 















    Molesta, Cristina le dio un puntapié a la puerta y exclamó:
    —¡No juegues a eludirme, en eso soy mejor que tú!
    Una débil voz se dejó escuchar del otro lado:
    —Hoy no es fin de mes, vuelve mañana.
    —Mañana no puedo venir, tengo consulta.
    —Entonces ven el mes próximo.
    Imposible negociar con él, aquella absurda cláusula suya, esa que restringía las visitas a solo una cada treinta días, era inalterable.
    —¡Abre de una buena vez, coño! —protestó—. Traje lo que me pediste…
    Hubo un breve silencio. Enseguida se oyó la cerradura destrancarse, la puerta se abrió e Indio Lenon asomó la cabeza.
    —¿Me trajiste el “Diablo rojo”?
    —No.
    —¿Y el “Campeón”?
    —Tampoco.
    Sabiéndose engañado (aquellos apelativos hacían referencia a un destapador de cañerías y a un veneno para ratas), el Indio emitió un gruñido y dejó entrar a la mujer. Ésta, sin siquiera dirigirle la palabra, atravesó la penumbrosa sala y descorrió las cortinas. El sol irrumpió en el lugar como una explosión de luz incandescente.
    —¡Ahhhhhhhhhh! —chilló el hombre, protegiéndose los ojos del brillo cegador—. ¿Deseas matarme?
    Cristina lo miró y se espantó. Estaba pálido, hecho un guiñapo, juraría que hasta llevaba puesta la misma ropa de la última vez: una roída franela de Dark side of the moon y un descolorido pijama a rayas. «Al menos anda vestido», se dijo aliviada.
    —¿Pensabas dejarme allá afuera? —preguntó.
    —Pudiste haber sido una groupie psicótica disfrazada, no puedo fiarme, hay mucha gente loca por ahí. Además, hoy no es día de visitas, lo sabes.

29 de octubre de 1991
    Cansada de estar de pie, la mujer se quitó el suéter, tomó asiento en uno de los sillones y le echó un vistazo al recinto. A diferencia de su desmejorado anfitrión, el lugar se veía pulcro y ordenado: en una esquina de la habitación halló las guitarras, el sitar y el mellotrón; en las paredes relucían los discos de oro, los premios, los carteles de sus presentaciones y varias fotos enmarcadas del indio junto a celebridades de la talla de Barbra Streisand, Bono y algunos miembros del numeroso clan Lenon.
    Cristina estiró la mano hasta una mesa e inspeccionó la superficie con el dedo. Nada, no halló siquiera esa fina capa de polvo que siempre lo cubría todo. El lugar estaba impecable. «¿Se habrá obsesionado con gérmenes y máscaras quirúrgicas?».
    Indio Lenon arrastró los pies hasta el sofá y se dejó caer pesadamente. Se veía fatal, el retiro había acabado con él. Dolía verlo: tenía los ojos hinchados (por el sueño, la resaca o quizá ambas cosas), su piel estaba de un blanco cadavérico, llevaba el cabello largo, una desaliñada barba y una mosca que no paraba de revolotear a su alrededor.
    —Parece que necesitas un buen reconstituyente —le soltó ella.
    El hombre tosió.
    —Lo que necesito con urgencia es un ataúd.
    —Ese asunto tuyo de morir ya aburre, ¿sabías? No te digo que cambies de golpe pero podrías hacer un esfuerzo.
    —No fastidies, "ese asunto" le sienta muy bien a mi carrera.
    —Mijo, ¿cuál carrera?
    En efecto, después del escándalo por abuso de drogas, los arrestos y las inacabables querellas contra las viudas de los miembros de su extinta banda, finalmente los fans se hartaron; las limusinas, el jet, las chicas en bikini, las fiestas, todo, todo había desaparecido. Las luces se apagaron y los altavoces dejaron de sonar, incluso los hoteles habían enviado las facturas por sus cuartos destrozados. La discográfica solo reeditaba material viejo, box set para coleccionistas o explotaban su imagen en campañas publicitarias y tributos.

1993-1994
    Indio Lenon, el chico de Coro, superviviente del hair metal y el grunge, había llegado a ser el artista más exitoso de todos los tiempos, el más galardonado, el de las extensas giras. Algunos de sus trabajos más emblemáticos, los clásicos INDIO LENON Black and White, INDIO LENON Unplugged e INDIO LENON Circus, obras aclamadas por Billboard y la Rolling Stone, habían batido records de ventas alrededor del planeta, un hecho que le hizo acreedor de un lugar en el Rock and Roll Hall of Fame, y de un Guinness World Records como la estrella de mayor popularidad entre los '90 y comienzos de la década siguiente. Era una LEYENDA, una figura de culto, su legado había inspirado a infinidad de bandas emergentes y estrellitas pop sin talento; sin duda, uno de los artistas más influyentes en la industria del espectáculo.
    Pero como todo rockstar respetable, después del arrollador éxito vino su muy publicitado hundimiento. En las fechas finales del tour de despedida el artista enloqueció, adoptó un comportamiento errático que nadie esperó ni comprendió. Había perdido facultades, ya no cantaba, ni actuaba. Su último concierto, de hecho, apenas duró cinco minutos: durante los primeros acordes, y ante la mirada atónita de los cientos de espectadores que habían ido a verle, se desplomó en medio del escenario y empezó a convulsionar, tuvieron que cancelarlo todo, un episodio lamentable.
    Su padecimiento no era locura propiamente dicha, al menos no el tipo de locura que da por abrirse las venas o lanzarse por la ventana —y es que a su edad ya sabía que no entraría al prestigioso club de los 27—. No, él sencillamente había dejado de disfrutarlo; su adicción solo sirvió de excusa para abandonar definitivamente aquel mundo de fama y riqueza que ya no le satisfacía. En su rostro no había nada que transmitiera placer, afecto o siquiera algo de orgullo por su trabajo. No había nada.
    Incapacitado ya para las presentaciones y las grabaciones, los productores, en gratitud con el hombre que les había hecho ganar millones, le acondicionaron un nuevo hogar en las afueras de la ciudad, en un modesto vecindario apto para el retiro y la vida en anonimato. Allí nadie lo reconocería ni le acosaría por autógrafos. Él simplemente debía «relajarse y continuar con su vida». Su familia y su representante se harían cargo de todo lo demás: le dotaron de alimentos, una laptop con acceso a internet y varios frascos de antidepresivos por si acaso; no le dejaron dinero, no podían darse ese lujo, las regalías apenas si alcanzaban para el alquiler y los abogados. Una vez al mes vendrían a verlo, sólo para cerciorarse de que aún respiraba.

1992
    Las visitas de Cristina eran completamente diferentes. Ella era la ex novia de Indio Lenon, la única que portó licencia de “novia”. Hubo otras mujeres en su vida, desde luego, pero sólo a ella amó —y aún amaba—. A pesar de su ruptura nunca dejó de preocuparse por él, de contactarlo, de visitarlo. Sus encuentros, que no incluían sexo ni coincidían con las visitas de sus familiares, eran una bocanada de aire fresco, le revitalizaban en todos los sentidos. El que ahora ella tuviese marido e hijos no era inconveniente.
    Acostumbrado ya a la luz del sol, el Indio sondeó con la mirada a su inesperada visitante: cabello, labios, senos, vientre… Hubo una época en que llegó a conocer a la perfección los contornos de aquel cuerpo, las zonas erógenas, su olor; ahora las cosas habían cambiado, debajo de aquel elegante vestido una panza se hinchaba con cada visita, con cada mes.
    —¿Cómo va el embarazo?
    —Pronto estallaré —respondió ella—. Pasará un tiempo hasta que pueda volver a venir.
    —¿Gustas un coñac?
    —No, gracias...
    —¿Ensalada o jugo? Tengo de todos los colores.
    —¿«ensalada o jugo»?
    —Lo sé, lo sé, mi comida no me comprende.
    —La próxima vez te traeré un pan con mortadela.
    Sí, aún la amaba. Lo curioso es que había sido él quien la exhortó a abandonarlo: «no te mereces un tipo como yo —le dijo el mismo día que ella le exigió una vida más hogareña—, sabes que no soy de esos hombre que saben arreglar el carro, hacen parrilladas los domingos o comentan los deportes junto al suegro, no; tampoco uno de esos pobres diablos que viajan en descapotables y juegan golf en clubes privados mientras invierten acciones en la bolsa por celular».
    Finalmente, hace unos años Cristina conoció a un “partidazo”, un médico cirujano de sangre azul con clínica propia; se casaron, tuvieron dos niños y ya habían encargado un tercero para navidad.
    —Estás como para una portada tipo In Utero —dijo el artista y casi tuvo una erección al pensar en ella desnuda—. Nunca me he acostado con una mujer encinta.
    —En eso te lleva una amplia ventaja mi marido.
    El Indio no sonrió.
    —A todas estas —continuó la mujer—, ¿qué hiciste con aquellas polaroids donde aparezco desnuda?
    —Hefner me ofreció una fortuna; lo estoy pensando…

#007: Jonaikel-Ricardo, 2011
   Aparte de gente sin ropa retozando en la mansión del amor de Jack Nicholson, en aquellas instantáneas también podía verse a un jovencísimo Indio Lenon con pantalones de cuero, camisa de seda y pelo “enlacado” sirviéndole el desayuno en la cama a una inocente Cristina; en otra se les veía jugando con aquel difunto conejo que habían adoptado en los comienzos de su relación como prueba de su imperecedero amor. Particularmente les gustaba recordar aquellos días en su viejo apartamento cuando, después de un buen cannabis, se arrastraban por el piso muertos de la risa imaginando a Enrique Bunbury enjaulado en medio de la sala cantando para ellos: «rua, rua —le decían—, canta Bunbury, canta. ¡Eres un buen loro!».
    —¿Cómo están los niños? —preguntó el Indio.
    A Cristina se le iluminó el rostro.
    —¡Grandes y tremendos! Esos diablillos son los seres que más amo en el mundo. Me gustaría traerlos un día para que te conozcan.
    El hombre de pronto pareció muy incómodo, como si le doliera la barriga o le chirriaran los tímpanos. Típico. La mujer sabía que jamás podría hacerle aflorar sentimientos a su ex amante. A él no le interesaba absolutamente nadie.
    —Si tanto odias a los niños por qué me preguntas por ellos —indagó Cristina.
    —Ya sabes por qué...
    —Lo que nunca entenderé es que el tema principal de tus canciones siempre es la niñez… Por cierto, ¿aún te gusta brincar por los tejados como Peter pan?
    Indio Lenon sonrió. Había mordido el anzuelo. Lo que más le animaba a un ermitaño era hablar como un desbocado.
    —¡Ah, deberías probarlo un día! —exclamó él—. De noche me encaramo en el techo y voy de casa en casa zambulléndome en los tanques de agua de mis vecinos. ¡Que nota! ¡Que frío! Es como estar inmerso en un pequeño jacuzzi. ¡Y la vista! ¡Espléndida! Anda, quítate el vestido y vamos a nadar. Aunque debo advertirte que a veces los ojos fisgan, engullen; antenoche una viejecita sonámbula me sorprendió “humeando” en pelotas, mojao, enjabonao: «¡Deguste usted, bribona —le grité—, y recójase!». Estos nativos sí que me entretienen. La semana pasada sorprendí a una de mis fogosas vecinas, a la “bateadora”, bateando con el bate que no era de ella. Sí, soy un mal vecino, después del baño lunático suelen entrarme ganas de orinar, pero no orino en cualquier tanque, sólo en la de la gente mala; como esos que arrojan la basura a la calle o maltratan a sus mascotas. Temprano en la mañana los espío por la mirilla de la puerta y me cago de risa al verlos aseaditos para ir al trabajo.
    —Imagino que aquí puedes atrincherarte a placer —comentó su interlocutora—, eludir la realidad. ¿No has probado salir de aquí, tomar aire fresco, hablar con otras personas?
 
1996
    —Allá afuera no hay nada para mí. Prefiero no asomar la cabeza más allá de estas paredes, temo encontrarme con algún fan loco o una monja pidiendo donativos. Olvídalo, la última vez sentí el terrible impulso de cometer un homicidio. No no no, mejor continuemos como estamos, este sistema de visitas me resulta ventajoso. Aunque, sinceramente, me quejaría menos si viviera en un palafito, rodeado de agua, sin vecinos alrededor que se pasen el día trasteando en sus garajes, con sus matracas y sus reuniones de Tupperware. ¡Ah, tengo los nervios destrozados! Desde que Caribe Lenon se ahogó en su propio vómito y a Chino Lenon lo encontraron flotando boca abajo en su piscina, presiento que algo va a pasarme; ya sabes que no le temo al segador, pero nuestro pacto podría caducar... —tosió varias veces—. ¿Dónde dijiste que quedaba el geriátrico?
    Cristina se quedó viendo a la mosca que siseaba por toda la sala deseando tener alguna revista a la mano para aplastarla.
    —Sabes —prosiguió el Indio—, la semana pasada casi muero, sufrí un terrible tortícolis y quedé tendido en medio de la sala, paralizado. No pude ni alcanzar el teléfono para pedir ayuda, pasé horas allí tirado, rastrero, mirando a ras del suelo como una hormiga. “Mirada de hormiga”. No no no, no pienso convertirme en una cucaracha gigante ni en nada por el estilo.
    —Que alivio... —dijo ella, sin prestarle demasiada atención—. A ver, y dime, ¿hay alguna chica nueva por allí? Sé que es algo que no me incumbe pero...
    —Huh… Es inevitable no extrañar a esas criaturas celestiales llamadas mujeres. ¡Sin ofender! Este deseo irracional de sexo no se quita con el celibato, sabes. Me esfuerzo en mantenerme ocupado para evitar pensar demasiado en eso, pero mi rutina diaria siempre se ve interrumpida. Te cuento: todas las mañanas pasa una mujer trotando por el frente de la casa. ¡María purísima! Tetas bamboleando, culo sudado… Es impresionante, es como volver a pasar por los síntomas del delirium tremens. He pensado en seguirla, acercarme sigilosamente por detrás y preguntarle: «¿quieres que te deje en paz, que desaparezca, que muera?». ¡Bah! No me hace falta en realidad. ¿Has visto a la mujer que viene a limpiar?, ¿la que pesa como veinte toneladas? Es mi amante. Ahí tienes pues, el secreto de por qué está todo tan limpio.
    Ambos se miraron a la cara y rieron al unísono.
    —Vaya… —comentó Cristina—. Esa sí que es una señal de mejoría. A diferencia del resto de nosotros los mortales, ella si puede venir a diario.
    El hombre bajó la cabeza y clavó la mirada en la alfombra.
    —Dime, Cris, dime de una vez por qué sigues viniendo. ¿Para sentirte bien contigo misma, es eso?

2011
    —Deja el drama. ¿Acaso olvidaste que fuiste tú quien me aborrecía? Odiabas todo de mí. Mi manera de vestir, de caminar, de hablar; mis uñas, mi pelo, ¡todo! Fue algo criminal. Realmente me hiciste sentir muy mal.
    El Indio ahora parecía muy nervioso, inquieto, ansioso.
    —Lo siento —dijo, con voz entrecortada—. Finalmente creo que me he convertido en una de esas caricaturas que un día, quizá por flojera del autor, aparece sin pigmento, incompleta, mal hecha. Esas rehabilitaciones y peregrinaciones a la India no sirvieron de nada. Hay días en que ni me reconozco en el espejo, me siento fatigado, falto de entusiasmo, sin apetito, irritado y con ganas de romper algo. ¿Qué hago ahora? ¿Me uno a la iglesia o me planteo una carrera como cantante de bodas?
    Afuera comenzaba a anochecer. La mujer miró su reloj, hora de volver a casa. Se levantó del sillón, caminó lentamente hasta el sofá y se sentó junto al hombre.
    —Lo tuyo es un problema de motivación —le dijo, acariciándole el cabello—, nada más. ¡Eres Indio Lenon, coño! ¡INDIO LENON! Una deidad.
    —¿Deidad? ¡Ja! Si me subiera ahora mismo a un escenario tendrían que poner una alambrada para evitar que los fans acabasen conmigo.
    —Tonterías. ¡Vamos, levántate y sal de aquí! Ve y demuéstrales cómo se hace. ¡Demuéstrales quién es INDIO LENON!

    Y así, emulando aquel icónico acto que los Beatles realizaron en 1969 cuando tocaron en el techo de los estudios Abbey Road —y es que llevando el apellido Lenon (no Lennon) no podía ser de otra manera—, el Indio subió al tejado de su casa, se quitó los pantalones y brindó un último recital para sus odiosos vecinos. Afortunadamente para éstos, el obsceno espectáculo sólo duró cinco minutos, los agentes del orden irrumpieron en el tejado y arrestaron al artista.
    —Sí, señoras y señores —anunció cuando lo llevaban en la patrulla— INDIO LENON ha vuelto.

Descarga INDIOLENON LEYENDA AQUÍ










R.

15 oct. 2011

Entrevista Televisiva

2011

"Entre ayer y hoy", viernes 14 de octubre de 2011













 















Entrevista realizada en el programa "Entre ayer y hoy" y transmitida en vivo por VEA Televisión (Coro). Mi agradecimiento a Leonel Sánchez por la cordial invitación, a las personas que nos siguieron por TV, a los que comentaron vía twitter y a todo el equipo de VEA Televisión.

Un agradecimiento especial a Raúl, Yegli, Reinaldo y Larry por su invaluable apoyo.

R.

2 oct. 2011

26 sept. 2011

Reseña de "La Vida es Basura" (por Manuel Cabesa)

2011

"¿Todavía es posible contar con buenas historias en la narrativa venezolana? ¿Todavía podemos encontrar textos que produzcan en el lector “un período de reacción mental y emocional”, como pretendía Joseph Conrad? Con la lectura de LA VIDA ES BASURA (Coro: edición del autor, 2011) de Ricardo Díaz Borregales (1978) he descubierto que esta posibilidad es todavía factible.

En escasas cien páginas, el autor nos propone un relato tenso, lleno de acciones que sorprenden al lector por lo patético del contexto donde suceden, sin que podamos pensar que la historia, aunque ficticia, no pueda convertirse en una lamentable realidad.

Esta breve novela nos cuenta la historia de Adora y Rafa y la de su extraña relación; ella desde muy joven seducida por la idea del suicidio, él dominado por una terrible enfermedad que lo obliga a envejecer prematuramente, lo cual lo va convirtiendo precozmente en una inteligencia que podemos sentir bastante tenebrosa. También es la historia de su encuentro no menos alucinante, que trae a la mente otra patética historia: la que nos narra Almodóvar en su excelente película ÁTAME.

LA VIDA ES BASURA muestra el lado oscuro de algunas vidas humanas a través de estos dos personajes, su lucidez, su cinismo ante la evidencia de un destino que les resulta inevitable. Los otros personajes, los que giran alrededor: la abuela, el enfermero que atiende el sanatorio Vida, el novio-profesor de Adora, no hacen más que complementar la visión cada vez más lúgubre de un destino inexorable, asentados en lo que consideran lo normal en cualquier vida humana, sólo logran que ella y Rafa se encuentren a sí mismos en la más terrible desnudez de su existencia.

Pero en el relato de Díaz Borregales, hay también algo de ternura, un poco de compasión por el destino de sus personajes, a los que va develando en sus tintes más íntimos de una manera apasionada, digamos que objetiva, no permitiendo que lleguemos a sentir por ellos algún tipo de lástima.

Después que Rafa muere aún lo sentimos transitar en las fantasías más desgarradas de Adora. A ella, mientras tanto, la vemos continuar con su vida un poco al margen del hecho de vivir. El final no puede ser más sorprendente aun así bastante lógico, digno de cualquier filme de suspenso psicológico bien argumentado. Es más creo que esta excelente novela de Díaz Borregales sería del pretexto ideal para quien quiera realizar una buena película con esmero y profesionalismo.

Vemos entonces, como desde la apartada ciudad de Coro, un joven autor emprende la tarea de contar una historia seria, trascendente, novedosa dentro de nuestra narrativa, llena de pliegues que van envolviendo al lector en una trama madura, digna de paladares exigentes".

Manuel Cabesa
(Caracas, 1960) narrador, poeta y ensayista.


Publicado en el suplemento cultural CONTENIDO
del diario "El Periodiquito" (Maracay), sàbado 24 de septiembre de 2011.


Publicado en la sección cultural del diario EL VENEZOLANO
Ciudad Guayana, martes 4 de octubre de 2011


Gracias Manuel, amigo.


R.

13 sept. 2011

"La Vida es Basura" en Maracay

2011

"El Periodiquito" - Maracay, jueves 8 de septiembre de 2011




























Sábado 10 de septiembre de 2011 - Biblioteca Pública Central Agustín Codazzi.
Complejo Cultural Santos Michelena – Maracay, edo. Aragua

Presentación de “La Vida es Basura” en la ciudad de Maracay. Acto auspiciado por los poetas y amigos César Blanco y Manuel Cabesa, miembros del Taller Literario Permanente “Los Moradores” y de la Red Nacional de Escritores, y que contó con la asistencia de reconocidas personalidades dentro del ámbito literario y el arte, entre ellos: Julia Elena Rial, Carmen Alida Méndez, Marina Sandoval, Maritza Soler, Trina Esparza, Gloria Dolande, Edgar Mata, Isabel Rivas, José Mejías, Bestalia Castro, Julia Liendo, Alfonzo Solano, Lucila Balza, Ana María Moreno, Oriana Brando.

Mi agradecimiento a César Blanco y a Manuel Cabesa por la cordial invitación; al Taller Literario Permanente “Los Moradores”, al grupo “Pie de Página”, a Alberto Hernández de la página cultural del diario “El Periodiquito” de Aragua, al personal de la Biblioteca Pública Central Agustín Codazzi, a Maruja Flores del Centro Cultural "Higuaraya Capanaparo" y a todas las personas asistentes a la presentación. MUCHAS GRACIAS.

R.

3 sept. 2011

Encuentro callejero de Poetas

2011



































































































Un poco de "La Vida es Basura"















Gabriel Jimémez Emán














Antonio Robles: "el próximo encuentro será en un lugar no
determinado y en fecha no determinada, como ataques de guerrilleros"














Santana Blues Band











































"El Tinajero" (Coro, edo. Falcón), jueves 01 de septiembre de 2011
















Primer "Encuentro callejero de Poetas", organizado por el poeta y amigo Antonio Robles, y que contó con la participación de: Celsa Acosta, Gabriel Jiménez Emán, Javier Marin, Milagros Escobar, Enzio Provenzzano, José Millet, José Luis Sifontes, entre otros; además de la presentación en vivo del guitarrista Carlos Pereira y su grupo Santana Blues Band.

Mi agradecimiento a Antonio Robles por la cordial invitación, así como a los poetas y público asistente.

R.

18 ago. 2011

Carta al Doctor Basura

2011
















"Querido Doctor Basura, en mis sueños, Rafa y yo, surcamos el espacio en un carrusel sideral. Vueltas y vueltas y vueltas. Medusas y erizos viajan a nuestro alrededor. Es un universo improbable con una vista formidable. Desde acá arriba podemos ver a todo el mundo. ¡Espiarlos! Somos fisgones igual que el Señor.
>«¿Podemos hacer un picnic estelar?», me pregunta Rafa. Descendemos en un pequeño claro en medio del jardín y nos tendemos sobre la hierba húmeda a fumar tranquilamente. Veo mis pies, están sucios, llenos de barro y de bichos aplastados. Me pinto dos grandes flores en los pechos y él no deja de mirarme. Tengo cola y bigotes de gato pero no puedo maullar. Rafa entonces se pone a cazar escarabajos. ¡Que lindo! Los chicos siempre hacen ese tipo de cosas, verdad: cazar escarabajos, saltar la cuerda, correr, volar. Mmm, sería genial poder jugar eternamente, no envejecer jamás. «Sería divertido, ¿no, Rafa?».
>De repente, como si alguien oprimiera un enorme interruptor, el día se apagó y la noche apareció. «¡Adora!», me llama Rafa, «Adora, ¿dónde estás?». Poco a poco su voz comienza a extinguirse en la penumbra. «¿Dónde estás tú?», le pregunto. Las luciérnagas tratan de guiarme pero es inútil, en un momento él ya no está, se ha ido. «¡No me gusta el final de éste sueño!», grito. Pero este no es un sueño ordinario, es sólo un producto más de mis excesos psicotrópicos, una ficción de mi mente trastornada. Lo he recreado tantas veces… En breve abriré los ojos y, como siempre, contra mis deseos, abandonaré este viaje demencial y retornaré a mi indeseable y muy prescindible vida. Síp, aquí viene…"

(La Vida es Basura, 2011)

Foto: Janis

R.

1 ago. 2011

La Vida es Basura

2011
















«Ricardo Díaz Borregales es un joven con inquietudes literarias que se ha dedicado a escribir sobre diversos temas como el amor, la tragedia y la locura. En la presente ocasión aborda el suicidio (tercera causa de muerte de personas entre 15 y 44 años según la OMS). Con gran creatividad nos relata La vida es basura, en la que describe la psicopatología de una joven llamada Adora, exponiendo su mundo mental y vivencial. A través de esta obra, se nos permite comprender y ampliar la visión sobre el suicidio y la vida tortuosa de quienes presentan esta tendencia. Finalmente, el autor converge en un desenlace abierto para darle cabida a todas las interpretaciones que puedan surgir entre el público lector».

Lcdo. Germán González Chirino,
Psicólogo

«La Vida es basura, una crítica a la existencia, contrastando las vidas de un par de jóvenes, confrontando sus visiones distorsionadas del mundo, sus realidades. Entre cocteles de psicotrópicos y carruseles siderales, el lector se paseará por las peripecias de estos personajes. La conclusión a todos los cuestionamientos: la vida es aquí, ahora, y no dejará sus miserias, sus contrariedades».

Adora   (lee la reseña completa en De Literatura y otros encuentros)
 
«Controvertida, subversiva, inspiradora; La Vida es Basura es un relato de aires Bildungsroman que ahonda en las disertaciones y cuestionamientos de un par de inadaptados; mismos que, dentro de su vanidosa misantropía, logran hallar lo justo para un inusual acercamiento».

Rafa
Disponible en:
Librería Universitaria, Librería del Sur y Librería del Terminal - Coro
Librería Las Acacias (sector Las Acacias) - Valencia
Librería del Sur - Maracay

doctorbasura@gmail
R.

18 jul. 2011

Ratatat...

2011

    Por la letra R: Radiohead, Raphael, Ramones, Ratt…
—¡Mierda! —gritó Adora.
    ¿Era posible? Aquél disco parecía temblar entre sus manos. ¿Indie? ¿Britpop? Esta música actual es una verdadera ensalada. La hipnótica carátula mostraba la imagen de una mujer de pie sobre un sintetizador, desnuda y con rayos de colores cayéndole sobre la espalda. Una recién bañada con un arco iris de toalla, opinó. No podía creer que un disco así existiera, que un grupo con ese nombre realmente existiera. Era una rareza, era único. ¿Una burla? ¿Un capricho de sus ex compañeros de clases?
    A su lado, un hombre que también curioseaba en las estanterías se le quedó viendo:
—¿Qué te pasa, muchacha? —le preguntó—. ¿Hallaste algo interesante?
    La contrariada chica volteó a mirarlo y balbució.
—Este…, este grupo…
—¿Sí, qué pasa con ese grupo?
—¡Este grupo se llama Ratatat! ¡Entrometido!

(Adelanto)

R.

9 jul. 2011

Abducción

2011

Indiolenon #005















Por eso estoy como estoy…

¿Abducción?, ¿efecto invernadero, mal humor?
No debí regresarte mi morfina, amor, hoy la necesito.

Mueble intergaláctico, tiempo ausente...

¿Dónde está mi droga, mis versos, mis cassettes?
¿Quién se llevó mis audífonos y mi disco de Alice in Chains?
Confieso que no sería nadie sin Steve Harris,
pero aún necesitamos de Cerati.

Árbol mágico, panal de abejas... ¡Hallé mi botín!

No se caliente, amigo Doctor, sólo estoy “empastillado”.
Ría conmigo.

R.

1 jul. 2011

Alma bella

2011

Has tus conjuros, “alma bella”,
vengo del futuro y no podemos evitarlo.

Sí, soy un arrogante de mierda, un cretino inmoral,
y no haré donativos, ¿me entiendes? ¡Ni uno más!
Y no me importa ya romper tu corazón (no tienes).
Y ése asunto de dar ánimos, ¡olvídalo!

                                                      Caigo

Sí, estoy empeorando.
Y no, no estoy nada cómodo.
Es una pena que este mundo no acabe hoy,
mi único aliciente, sinceramente, es no durar por siempre.

Has tus conjuros, “alma bella”. Sigo cayendo

                                                      por un precipicioooooo...

—Has llegado sanito —me dices.
Metes la mano dentro de tu blusa y te acomodas el sostén.
—Gracias, que detalle.

R.

22 jun. 2011

Devaneo

2011

Después de pasearme por las inmediaciones de la nevera buscando qué roer, llego a la cama. Ahí estás, de nuevo frente a la laptop, intentando culminar ese raro ensayo tuyo (¿o acaso es el mío?): “lectura para flojos y para los que prefieren ver películas”.

¡Espléndida en tus devaneos!

“FELIZ NAVIDAD, AMOR”, te digo. Pero ni siquiera ves la tarjeta.
Sacas el dinero, deshechas el sobre y sonríes por cumplir.
Herida, costra y cicatriz; todo junto.

Te levantas. Tu trasero emerge de entre las sábanas cuando éstas últimas se deslizan hasta el suelo. Desvergonzada. Paseando cruelmente frente a mis ojos golosos. Ah, pero soy tan bueno que no pienso asesinarte.

¿Por qué no quieres verme?
¿Quieres que te deje en paz, que desaparezca, que muera?

¡Anda, huye! Sueles huir ante mi cobardía. Y lo soy: un cobarde. Y no le temo al fracaso, sabes que mi motor agoniza. Dolor abdominal, lumbar, extremidades que no paran de sangrar (¿sangre animal, vegetal?).

No obtengo satisfacción, amor.
No hay fantasías, anhelos, ni sueños.
Soy existencialmente impedido.

¿Quién vive en éste cuerpo?, ¿de quién son éstas manos?
Quiero sexo, alma... Quiero vivir bajo el mar,
predicar las atrocidades del mesías.
¿Otra gran ofensa al Señor?

R.

7 jun. 2011

Hombre-Espejo

2011















"Hombre-Espejo" - A través de las palabras... # 2 - Coro, junio 2011

A través de las palabras..., revista literaria con fines didácticos, realizada por estudiantes del VIII semestre de Educación mención Lengua, Literatura y Latín.

A "Amarilla", y a las demás integrantes, GRACIAS.

R.

6 jun. 2011

Degustos

2011

Indiolenon #004












Todos conocemos ese tópico que dice: «solo hay que mirar a nuestro alrededor para encontrar un tema sobre qué escribir». ¿Alguna vez se han quedado observando a una persona en plena calle mientras, cual zombi, lame un helado? Mirada perdida, cuerpo rígido, salivación… Imaginen todo lo que puede uno crear con un cuadro semejante. Claro, no basta simplemente con describir el olor, el sabor y la textura de un helado para pretender tener al público/lector cautivado, habría que aderezarlo bien: «…y la chica, luego de degustar aquél exquisito postre, sintió como sus papilas gustativas, sus enzimas digestivas, y todas y cada una de las células que conformaban su rechoncho cuerpo, poco a poco se activaron», y a partir de ahí encausarnos hacia alguna trama sexual u otra cosa.
¿Lápiz sin punta? ¿Falta de sazón? ¡Especias, especias! ¿Recuerdan aquél célebre diálogo entre Jhon Travolta y Samuel L. Jackson en Pulp Fiction, “Royale with cheese”? ¿Palabrería sin sentido? Hoy esas líneas son un referente obligado sobre conversaciones alimenticias en el séptimo arte.
Cierto, seguro se ha escrito un sinfín de relatos entorno a elegantes comensales, mesoneros enamoradizos y chefs nazis; otros habrán siquiera pensado en garabatear algún párrafo sobre temas “tan poco emocionantes y serios”. No a todos nos llama la atención la gastronomía romántica de una desdichada Tita (Como agua para chocolate, Laura Esquivel), o nos atrae el retorcido arte culinario practicado por el Dr. Lecter (Hannibal, Thomas Harris). Pero como dueños de nuestras propias cazuelas, siempre podremos intentar complacer —¿con placer?— al más exigente paladar empleando alguno que otro giro: atragantar al protagonista con una espina, intoxicarlo o que se infarte y se desplome sobre los espaguetis cual Alex Delarge en A Clockwork Orange.
¿Realmente se puede degustar algo así?, ¿tragar?, ¿digerir? ¿El mejunje continuaría desabrido después de añadirle una buena cantidad de sal? ¡No no no! Una selecta variedad de ingredientes: sangre, vísceras; una pizca de imaginación y una cocción a fuego lento, no siempre dan como resultado platillos interesantes. Pepto-Bismol por si acaso.


Publicado en la página de El Club de la Serpiente: DEGUSTOS


Mi agradecimiento al equipo de El Club de la Serpiente,
y a mi amiga Daniela Campos por su gestión y recomendación.

R.

4 jun. 2011

Análisis de La Casa

2011




















Felicitaciones a YOSKARY VARGAS, alumna del 5to "C" del Liceo Nacional Maximiliano Iturbe (Mapararí - Falcón), por su análisis de "La Casa", quién a mi criterio destaca por su fluidez y precisión. De igual manera felicito a los alumnos Ronny Cordones, Mauricio Vargas, Yudimar Leal y Sandra Rodríguez por sus acertados análisis; y a Emmanuel Castillo, Ana Ollarves y Adalberto Schotborgh por sus buenas portadas.

Mi agradecimiento a la profesora Isobduly Bello y a todos los alumnos por considerar "La Casa" apta para actividades escolares.

R.